Comer, a veces, es un acto político

La alimentación traspasa los límites propiamente dichos de nutrición o salud para convertirse en un acto político. Ya en este blog, con ayuda de Eduardo Galeano, se quiso descubrir qué pasaría “si la política fuese cocina” pero más allá de estas metáforas, la historia y los hechos nos han demostrado la relación íntima entre nutrición y conflictos o lucha política.

Parece evidente que el problema del hambre es una de las lacras del sistema en el que nos ha tocado vivir. A nivel global, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), cerca de un 12,5% de la población mundial, es decir, casi 870 millones de personas se encuentran en situación de hambruna. Normalmente, en nuestro país hemos tenido la imagen de que el hambre sólo llegaba a niños africanos desnutridos, esas imágenes impactantes por las que algunas ongs tanto han buscado su hueco para llegar al “corazoncito” de miles de españoles. Esa caridad, valor muy católico, se fue asentando desde los años 80, momentos en los que España pasó en pocos años de ser un país receptor de AOD (Ayuda Oficial al Desarrollo) a ser un país emisor de esta ayuda.

Y el problema viene cuando la solidaridad o la caridad se confunden con cooperación internacional y, sobre todo, cuando no se cuestionan las políticas o ajustes de un sistema político y económico que nos ha llevado a ser cada vez más desiguales. Por eso, en muchos lugares de África comer es un acto político, un acto resultante del colonialismo histórico y del neocolonialismo contemporáneo, que existir, existe.

Pensábamos que éramos un país rico, que esas imágenes nunca las veríamos en nuestro entorno, que esos datos no iban con nosotros porque éramos una potencia mundial y jugábamos “en la Champions League económica”. Pero no, resulta que la “Marca España” ya no es lo que era y Cruz Roja lanzó la semana pasada una campaña para pedir, por primera vez, dinero para familias necesitadas en nuestro país. Reflejada en grandes medios extranjeros, la campaña es un paradigma claro del derrumbe de esa idea por la que nos creíamos el “primer mundo”.

Los famosos carros de la compra del Sindicato Andaluz de Trabajadores y Sánchez Gordillo durante el mes de agosto lograron trasladar a la opinión pública el hecho de que en España había gente que pasaba hambre. Independientemente del acierto o no de la acción política y del linchamiento de la derecha mediática hacia estos actos, no hay ninguna duda en que ésta sirvió para algo, por ejemplo para que algunos supermercados adquirieran un compromiso de donar sus alimentos sobrantes a colectivos necesitados u ongs, algo que antes del mes de agosto no hacía la gran mayoría, según estudios oficiales.

Paradójicamente, en medio de todo este panorama en algunos ayuntamientos como Madrid o Valencia han decidido que para el más necesitado, comer de la basura también se convierta en un acto político, puesto que se han fijado multas de hasta 750 euros. Porque claro, ya se sabe, hay que dar buena imagen hacia el extranjero, y no nos gusta que venga el periódico The New York Times a sacarnos nuestras vergüenzas.

Falta voluntad política, aquí y en el resto del mundo. Así nos lo ha recordado esta semana de movilizaciones la Alianza Española contra la Pobreza. “Diferentes sectores, unidos en la diversidad, como muestra de una sociedad civil comprometida en la lucha contra la pobreza que hace un llamamiento conjunto a la ciudadanía para presionar y lograr medidas concretas y no discursos de buenas intenciones”.

Pesca en el Sahara

Por otra parte, activistas o presos políticos, también presos comunes, han utilizado con frecuencia la huelga de hambre como medida de presión para lograr sus objetivos. Sí que estará en el imaginario colectivo el nombre Aminetu Haidar, activista saharaui que consiguió copar portadas y romper en cierto modo la barrera mediática respecto al conflicto del Sahara Occidental.

El nombre de Aminetu nos sirve para acercarnos más a un conflicto tan cercano pero tan lejano a la vez. Sabemos que hay niños saharauis que vienen en verano a convivir en nuestras ciudades “porque somos solidarios” con ese pueblo, frase hecha que tanto se han dedicado a repetir desde los partidos políticos gobernantes. Sí, es cierto que enviamos (o enviábamos, porque los recortes, o ajustes según prefieran, están cambiando la situación) toneladas de alimentos a los campamentos de refugiados. Pero, por otro lado, contribuimos a la ocupación con otras acciones, dentro de los llamados “intereses nacionales” con acciones y decisiones que no se ven tanto.

En uno de mis viajes a Tinduf, campamentos de refugiados saharauis en territorio argelino, un joven me comentaba: “Recibo en un sitio que no es mi tierra, latas de atún que me roban en mi territorio”. Al otro lado del muro, en la ciudad de Dajla, antigua Villa Cisneros y ocupada ilegalmente desde hace 35 años por las autoridades marroquíes, un saharaui de más de 50 años, que vivió el abandono de España me decía: “Directamente están saqueando nuestras costas, no va a quedar nada”. ¿Qué hay detrás de todo esto?

Los caladeros de pesca de las costas del Sahara Occidental son, junto a los de Perú, los más ricos del mundo. Y eso es un dato clave para entender el conflicto. Cuando España abandonó unilateralmente el territorio, incumpliendo hasta hoy sus obligaciones ante la ONU de llevar a cabo el proceso de descolonización, Marruecos incluyó aspectos económicos en los llamados Acuerdos Tripartitos de Madrid. En ellos, pero en otras actas diferentes, se firmó el reconocimiento de derechos de pesca en as aguas del Sahara a 800 barcos españoles, así como otros derechos en aguas marroquíes. 1

Desde hace unos años, tanto la red Western Sahara Resource Watch (WSRW) como otros colectivos en apoyo al pueblo saharaui han realizado diferentes campañas para denunciar los acuerdos comerciales de la Unión Europea con Marruecos:

Ningún estado en el mundo ha reconocido la anexión del Sahara Occidental por parte de Marruecos. Aun así, la UE entrega a Marruecos cada año millones de Euros para que los barcos de la UE puedan pescar en aguas saharauis. Las actividades de la UE en el Sahara Occidental deben cesar inmediatamente (…) De acuerdo a la ONU, los recursos naturales del Sahara Occidental no pueden ser explotados sin tener en cuenta los deseos e intereses de los saharauis. Sin embargo, la UE está entregando el dinero de los contribuyentes al gobierno de Marruecos a cambio del acceso a las aguas del Sahara Occidental, sin siquiera consultar al pueblo saharaui.”2

Durante el año 2010, los servicios legales del Parlamento Europeo denunciaron que el acuerdo firmado entre Marruecos y la Unión Europea en materia pesquera violaba la legalidad internacional y los derechos del pueblo saharaui. La razón principal es que no había pruebas de la población saharaui se esté beneficiando económicamente de esta explotación pesquera, cuando legítimamente le pertenecería este beneficio económico.

Sorprendentemente para muchos, la prórroga de este acuerdo fue rechazada el pasado mes de diciembre en el Parlamento Europeo, entre otros motivos, aparte de por la baja rentabilidad, se encontraba la mención al Sahara. El único eurodiputado español que votó en la línea de la mayoría parlamentaria para rechazar el acuerdo fue Raúl Romeva, de Iniciativa per Cataluña-Los Verdes. Sin embargo, ya saben cómo es esto de la política, en el mes de febrero, la misma UE volvió a decidir que se retomarían las negociaciones para un nuevo acuerdo pesquero. Como quien oye llover, en el borrador inicial se excluyó de nuevo cualquier referencia al Sahara Occidental. Así, todos los países europeos menos Reino Unido, Holanda, Finlandia y Suecia, volvieron a votar a favor de retomar el acuerdo. Las últimas previsiones indican que este acuerdo se avanzará a partir del mes de noviembre.

Según la mayoría de historiadores, periodistas o movimientos sociales, la explotación de los recursos naturales y los diferentes acuerdos comerciales con Marruecos son dos de los motivos principales del interés por el territorio. Sobre ellos, y sobre la estrategia geopolítica, se ha vertebrado gran parte de la historia del conflicto, desde la época colonial hasta nuestros días.

Empresas españolas

Pero, ¿cómo influye esto en el ciudadano de a pie? Resulta que la ya mencionada WSRW, en sus años de investigación, ha denunciado en innumerables campañas la venta en nuestro territorio de productos procedentes de la zona ocupada. El ejemplo más claro es el caso de Mercadona, que ha distribuido durante años las conservas de sardinas y atún de la empresa Jealsa bajo su marca blanca Hacendado. Esta empresa también proporciona las latas de marcas como Rianxeira o Escuris. Se han realizado campañas bajo el lema “Comprar robado es robar” que pretendían concienciar al ciudadano de su complicidad con esta ilegalidad. Pero hay otras muchas empresas que trabajan o han trabajado cerca de los puertos saharauis, como Calvo, que estuvo durante años pero comunicó su abandono del territorio en 2008. Otras son menos conocidas como King Pesca, Congelados Troulo o Meripur, entre otras. La opacidad de las empresas en el territorio ocupado hace muy difícil la identificación de a dónde están llegando esos productos, ya que los camiones que circulan transportando esta mercancía son todos blancos y sin ningún tipo de identificación.

El 21 de septiembre de este año conocíamos la noticia de que Jealsa iba a abandonar la ciudad de El Aaiún para trasladar su producción a la provincia de A Coruña. Sin duda, es una buena noticia que premia en cierto modo la lucha política llevada a cabo por los movimientos sociales. Pero, paradójicamente (o no) coincidió casi en el tiempo con la aprobación en la Eurocámara de un informe económico sobre los productos pesqueros, “Informe Stevensson”. Este documento incluye un punto que señala que la información sobre la zona de captura y el origen de la materia prima es un dato que no tendrá por qué figurar en la etiqueta de una lata de conservas o de un producto transformado.

Esto supondrá, cuando se formalice la aprobación final, básicamente que los ciudadanos no conocerán de dónde procede el atún, la caballa o las sardinas en lata que se está comiendo. Por cierto, que esta mención se incluyó tras una enmienda particular de la eurodiputada del PP, Carmen Fraga.

El Sahara es sólo un ejemplo concreto dentro de un sistema en el que las decisiones políticas a nivel internacional influyen en nuestra vida diaria sin que nos demos casi ni cuenta. No se puede responsabilizar a nadie que por desconocimiento haya comido unas sardinas expoliadas ilegalmente. Pero sí podemos responsabilizarnos de ampliar nuestros conocimientos, de intentar saber qué estamos comiendo, cómo ha sido fabricado ese producto y en qué condiciones. Y ya, valorar. Porque también podríamos hablar de la procedencia de los productos agrícolas y de cuánto le llega al agricultor, también por una serie de decisiones económicas globales. Pero eso, ya, otro día. Y si me dejan.

1 BÁRBULO, Tomás. La Historia Prohibida del Sáhara Español. 2002. pp 263

2 Extracto de la carta de protesta dirigida a la UE sobre la explotación de recurso en el Sahara. Más información en: (en línea), http://www.fishelsewhere.eu

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Colaboración de Miguel Muñoz, @MiguelMunoz86, gran amigo, periodista especialista en Información Internacional y países del Sur, participa en el proyecto Latitud194 y lo podréis escuchar en Radio Almenara. Al igual que el autor de este blog, es un albaceteño de ida y vuelta, con el que comparte su pasión por el voluntariado y la educación en valores, que también los tiene muy caros.

Se licenció en periodismo en la UCM (Madrid), ha trabajado entre otros sitios en La Verdad (Albacete) y La Nación (San José-Costa Rica). Lucha por el periodismo, porque disfruta de su profesión, que es en lo que cree, como profesional y ciudadano.

13 thoughts on “Comer, a veces, es un acto político

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  4. Mientras la UE lleva a cabo la revisión de su política pesquera, 25 ONGs saharauis han recomendado que ésta siga las leyes internacionales y que detengan la pesca en el Sahara Occidental ocupado. Las organizaciones representan a la gran mayoría de los grupos de la sociedad civil Saharaui en los territorios ocupados del Sahara Occidental y en los campos de refugiados del sudoeste de Argelia.

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